EUROPA Y SUS IZQUIERDAS (1830-2000). Reseña de una trayectoria histórica para entender la situación actual del intento de la cuarta reordenación europea (la Unión Europea)
es un texto de Iñaki Gil de San Vicente fechado el 1 de septiembre de 2000 y utilizado como texto inicial de un debate de la Izquierda Abertzale.
EUROPA Y SUS IZQUIERDAS (1830-2000).
Reseña de una trayectoria histórica para entender la situación actual del intento de la cuarta reordenación europea (la Unión Europea)
4-1.- 1939-1945:
La atroz guerra de 1939-45 en la práctica mundial empezó antes de 1939.. En 1931con la invasión de Manchuria y China (1937) por Japón, y del norte de Africa y Abisinia (Etiopía 1935) por Italia, y que dentro del viejo continente empezó con la sublevación franquista de 1936 y, entre otros, con los ásperos combates en Euskal Herria entre las masas autoorganizadas en poder popular en Donostia, por ejemplo, y el franquismo. Estas reflexiones son importantes para desmontar la propaganda burguesa y demostrar lo que verdaderamente es la lucha de las izquierdas. También es importante, para acabar, decir que la guerra mundial en Euskal Herria no duró de 1939 a 1945, sino de 1936 a 1947 con el desarme de los batallones vascos en Iparralde y los Pirineos, y mantuvo algunos coletazos con las guerrillas comunistas y anarquistas agotadas a comienzos de los cincuenta. Pues bien, volviendo a las fechas históricas oficiales, tan tramposas, hay que decir que la casi totalidad del mérito de la derrota nazi no corresponde a los ingleses y menos aún a los norteamericanos, ensalzados por su propia industria cinematográfica, sino a los pueblos del este europeo y especialmente a los de la URSS y a las izquierdas clandestinas del oeste europeo. Fueron estas masas las que dieron su sangre y su vida, mientras que las burguesías europeas ocupadas por los nazis u oficialmente "neutrales" colaboraron decididamente con Alemania.
Decir esto es fundamental para nuestro tema porque explica la evolución posterior del mito de unidad europea tal cual nos lo venden ahora. En 1945 las burguesías europeas estaban totalmente hundidas en su prestigio y legitimidad excepto sólo las holandesas y belgas. La razón es su colaboracionismo con el ocupante. El caso francés fue especialmente escandaloso ya que esta burguesía, que es una de las más cobardes del continente a la hora de defender su país cuando está en juego su propiedad privada, recibió con los brazos abiertos al ejército alemán pues tenía más miedo a sus propios trabajadores que a los teutones, como había sucedido en 1871, pero no en 1914 precisamente porque no había una áspera lucha de clases interna. Además, las fuerzas izquierdistas habían luchado en la clandestinidad desde verano de 1941 e incluso antes según los países y sus izquierdas. Los comunistas prosoviéticos tuvieron que escuchar por la radio la invasión de la URSS en junio de 1941 para lanzarse con una heroicidad suprema a la lucha armada clandestina, pero otras fuerzas comunistas, socialistas, anarquistas, republicanas, etc., no prosoviéticas, se habían lanzado antes. De todos modos, las fuerzas "democráticas" y nacionalistas burguesas esperaron mucho más. El caso de los seguidores del general De Gaulle es esclarecedor y denunciable porque, aun siendo llamados a la lucha desde verano de 1940 y pese a su patriotismo de boquilla, no empezaron a coger las armas hasta casi acabado 1942 y comienzos de 1943, cuando era ya claro que Alemania no podía vencer a la URSS y EEUU había entrado en guerra con toda su potencia industrial. Sólo a mediados de 1944 algunos partidos burgueses "democráticos" se atrevieron a decir algo en voz tenue. Para entonces los comunistas y el resto de las izquierdas poseían grupos armados potentes y hasta auténticos ejércitos populares en el este europeo, en el interior de la retaguardia nazi-fascista, como en Yugoslavia, Albania, Grecia, Bielorrusia, Ukrania, etc.
En Europa occidental tras 1945 el panorama era realmente prerrevolucionario en la mayoría de los Estados, y desde luego en los más importantes. La tarea fundamental del estacionamiento a perpetuidad de los ejércitos norteamericanos en estos Estados era la de asegurar el orden capitalista y la continuidad en el poder de las burguesías desprestigiadas. Estados estratégicamente decisivos como Alemania Occidental, Estado francés, Italia, Grecia, Dinamarca y en menor medida Noruega, tenían una más o menos fuerte contestación obrera y popular a sus clases dominantes que no podemos exponer aquí. En muchos de estos, con la excepción alemana en donde la represión y los efectos de la guerra fueron durísimos (más aun así entre 1945 y 1947 se vivieron experiencias de poder obrero y popular en empresas de nazis reconvertidos a "demócratas"), las clases trabajadoras que habían llevado el peso de la lucha clandestina controlaban fábricas, puertos, minas y campos, y tenían armas, entrenamiento y decisión de lucha. Incluso en Gran Bretaña el gobierno de conservador de Churchill perdió las elecciones nada más acabada la guerra dejando los asientos -que no el poder- a un gobierno laborista. La "ayuda" yanki en dinero y tecnología era sólo la tapadera para justificar el estacionamiento de sus ejércitos, mientras se negociaba con la URSS la geografía política europea. A la vez era un medio de salida de los productos yankis que no encontraban mercado en los EEUU y en otras partes, y la reactivación del capitalismo europeo según el modelo impuesto en las "negociaciones" de Bretton Wood de 1944, en el que se impuso todo lo que EEUU quiso.
No podemos hacer historia-ficción sobre qué hubiera ocurrido en Europa si las izquierdas se hubieran lanzado a la revolución de forma unitaria y decidida. El hecho es que algunas de ellas habían dado los pasos iniciales, como en Italia en donde la lucha justiciera antifascista continuó hasta comienzos de la década de 1950, pero el hecho también es que el grueso de las izquierdas era entonces de orientación prosoviética y en bastante menor medida socialdemócrata. Las razones que lo explican son simples y se deben tanto al heroísmo de la URSS en la guerra como a la marginación y/o represión de las izquierdas no stalinistas que se había dado antes de la guerra, debilitándolas en extremo. Lo cierto es que en esos Estados estratégicos la URSS presionó activamente para paralizar las reivindicaciones, marginar a las izquierdas, devolver las fábricas a la burguesía y fortalecer los gobiernos, cortando de cuajo la depuración de las fuerzas represivas, el ajusticiamiento de los colaboracionistas, etc. Son terribles las palabras de agradecimiento del general De Gaulle a Thorez, secretario del PCF, por su tarea en reinstaurar "el orden y la paz" en el Estado francés, pero mucho peores fueron los acontecimientos en Italia y Grecia, en donde la revolución socialista llamaba a la puerta y ésta fue cerrada a cal y canto por los acuerdos entre la URSS y EEUU.
Nos hemos detenido algo en estos años porque fueron cruciales. La Europa occidental de comienzos de los cincuenta no tenía ya nada que ver con la de 1917 ni menos aún con la de 1945 porque se había producido una desmoralización generalizada y una serie de derrotas de difícil recuperación. Pero también porque los cambios socioeconómicos intensos empezaban a afectar a las formas de vida poco a poco por razones que sólo podemos apuntar muy brevemente. De un lado, la fracción más lúcida de las burguesías europeas consiguieron establecer pactos permanentes con el sindicalismo; de otro lado, esa colaboración interclasista se veía favorecida por la recuperación económica desde mediados de los cincuenta y, según los casos, por el desarrollo del consumismo de masas desde finales de esa década. Además, el ambiente de guerra fría y peligro nuclear atemorizaba a la gente y como se había acordado un vergonzoso pacto de silencio para no sacar a la luz pública los escándalos del colaboracionismo burgués, del Vaticano e iglesias protestantes, se había debilitado mucho la memoria histórica de las clases trabajadoras, muy cambiadas en su composición interna por las transformaciones sociales de todo tipo. Fue en este contexto relativamente nuevo en donde empezó a caer el fino sirimiri del desprestigio de la URSS entre las clases oprimidas. Imperceptible al comienzo -recordemos la fuerza electoral de los PCs o de sus fachadas electorales- fue agrandándose con los años.
4-2.- 1967-1977:
Precisamente fue entonces cuando algunas burguesías europeas empezaron a dar los primeros pasos en la coordinación en cuestiones económicas entonces vitales, siempre bajo la vigilancia de EEUU. Las izquierdas tradicionales europeas ya estaban, para entonces, cayendo en el vacío pese a las periódicas demostraciones de fuerza aparente en determinados eventos, mientras la socialdemocracia era una fuerza política vital para el capitalismo europeo. Durante la década de finales de los cincuenta a finales de los sesenta, hasta el famoso mayo'68, se siguió abriendo el abismo entre la izquierda tradicional, los PCs stalinistas y las iniciales movidas que aparecieron con fuerza a finales de esa época. Conviene recordar que los sindicatos eran una fuerza conservadora impresionante, asentada sólidamente en la negociación con la burguesía, y sin ninguna gana de aventurerismos izquierdistas, degradación idéntica a la sucedida entre finales del siglo XIX y 1914. También muchos sectores de la intelectualidad, profesiones liberales y hasta burócratas estatales habían entrado en las izquierdas tradicionales, especialmente en el PCI y PCF, así como en el SPD alemán y laborismo británico, aumentando las inercias y los pesos muertos. Por el contrario, en el subsuelo social, en fábricas, universidades, barrios y ciudades, servicios públicos como sanidad, comunicaciones, etc., se fortalecían poco a poco los llamados "nuevos movimientos sociales", que no fue sino el nombre restrictivo dado a un movimiento global, generalmente espontáneo, de mayor alcance y radicalidad de lo admitido.
¿Por qué se ha minimizado esa fuerza? Porque, de un lado, su creciente implantación suponía el certificado del agotamiento de la izquierda prosoviética, superada por los nuevos acontecimiento y cuyo esfuerzo adaptativo, el famoso eurocomunismo, no fue sino el último suspiro agónico de una experiencia de lucha surgida a finales de los años veinte; de otro lado, la misma burguesía europea está interesada en minimizar ese desarrollo presentándolo como "revuelta juvenil" o a lo sumo como "nuevos movimientos sociales" que serían, desde esa reducción , los abuelos de las actuales ONGs; por último, desde la socialdemocracia se intentaba negar que precisamente fue en los años dorados de su "poder" -es un decir- cuando se produjo la autoorganización en las bases. No fue en absoluto una "revuelta estudiantil", ni tampoco una lucha exclusivamente parisina, ni tampoco duró el corto mes de mayo de 1968, sino que fue un proceso que duró en sus inicios desde 1967 y concluyó una década más tarde, que afectó casi a todos los Estados capitalistas incluido Japón y EEUU, y que, según los casos, tuvo en las clases trabajadoras y en sus sectores más radicalizados, como Italia, a los agentes más activos.
Un estudio más detallado nos demostraría la incidencia de las reivindicaciones nacionales y étnicas en EEUU, Canadá, Estados español y francés, Gran Bretaña, etc. la existencia de organizaciones armadas en los tres continentes; el peso del feminismo; del asambleísmo y horizontalidad obrera y de los comités de fábrica; de la crítica de la cotidianeidad por el situacionismo, de la antipsiquiatría y de la medicina progresista, etc., También hay que reseñar que en los "países socialistas" hubo fuertes movilizaciones de masas que reivindicaban no la vuelta al capitalismo, como dice la prensa burguesa, aunque existían esos grupos dirigidos por la CIA, sino una profunda democratización socialista interna.
Las tres fuerzas interesadas en ocultar la profundidad de esta oleada -PCs, socialdemocracia y Estados burgueses- fueron precisamente las encargadas en reprimirla. Por eso, además, también estaban interesados en reducir su importancia: ¿cómo pueden reconocer los PCs de los Estados español, francés e italiano, por citar algunos casos, sus tremendas responsabilidades desmovilizadoras e incluso represivas, con sus claudicaciones ante sus burguesías? Mucho mejor decir que se había tratado de un desagradable grano juvenil que había que limpiar, y nada más. No podemos analizar la represión caso a caso, pero en el contexto europeo occidental y en el tema que nos interesa, hay que decir que una de las bazas de la represión y paralización de las luchas fue la superioridad estratégica de la burguesía a la hora de convencer a mucha gente de que la URSS no era el modelo a copiar, y que en Europa se podía avanzar por medios pacíficos y "democráticos" hacia unos objetivos similares aunque no idénticos, por la diferencia -decían- de la "dictadura comunista" tras el telón de acero.
Tengamos en cuenta que a finales de los sesenta se había iniciado una crisis socioeconómica de larga duración que, con altibajos, había continuado durante toda la década y que según los estudios más rigurosos todavía continúa al ser una crisis de onda larga. En aquél contexto, demostrar que se disponía de un proyecto europeo propio diferente al soviético y al yanki, dar tranquilidad en el futuro y en las posibilidades de la "democracia occidental" era mucho más efectivo que poner el ejemplo de una URSS en claro debilitamiento interno pese a sus logros anteriores. Se había roto ya el mito de la "patria del socialismo" y las críticas maoístas, situacionistas, trotskistas, anarquistas, ecologistas, feministas, etc., a la realidad soviética tenían ya argumentos suficientes para, pese a sus diferencias, arrasar en los debates con los atribulados representantes oficiales; el caso de Althusser, por ejemplo, era patético. La respuesta desesperada de algunos PCs, seguidos luego por casi todos ellos, fue el famoso eurocomunismo que sintetizaba dos grandes corrientes anteriores como son la socialdemocracia de finales del siglo XIX y el stalinismo de finales de los veinte del siglo siguiente.
El eurocomunismo se caracterizó por aparentar una ruptura con Moscú y un respeto a las peculiaridades "nacionales" de cada Estado, cuando en realidad sólo aplicaba los principios parlamentaristas y pacifistas de la socialdemocracia con la palabrería stalinista. En realidad, tanto en el Estado español como en Italia, por no extendernos, el eurocomunismo entregó a las clases oprimidas a la burguesía, cosa que ya habían hecho anteriormente sus dos "padres teóricos", pero ahora lo hacía con de la "sociedad civil". A los pocos años, el PCE y PCI se precipitaron en una crisis de descomposición que, en Italia, ha concluido ya y en el Estado español roza el final. Por su parte, la socialdemocracia europea iba quedándose con los restos de los PCs en muchos sitios, pero también muy rápidamente giró aún más al centro, aplicando políticas socioeconómicas que aumentaban el desconcierto en las clases trabajadoras. Así, antes de que cuajaran los ominosos años ochenta de Reagan y Thatcher, las socialdemocracias en los gobiernos europeos ya habían comenzado una política que luego se llamó "neoliberal".
4-3.- 1982-1990:
Estos años fueron decisivos porque en ellos chocan los procesos de descomposición de la URSS, perceptibles desde comienzos de los setenta, con los primeros esfuerzos de la ofensiva del capital contra los trabajadores europeos tras haber superado las luchas anteriores. En el tema que ahora nos importa, hay que decir que todavía en estos años los burgueses siguen mirando con un ojo a la URSS y con otro a EEUU antes de tomar cualquier decisión y ello es normal porque, con el loco Reagan en la Casa Blanca, el imperialismo yanki lanzó la segunda fase de la guerra fría con los cohetes portátiles con cabezas nucleares de largo alcance y después con la "guerra de las galaxias". Este contexto es el que obliga a Alemania occidental a seguir relacionándose con el sur y oeste europeo, como se comprueba en todos los acuerdos que se van dando en dirección de la Unión Europea.
Las izquierdas europeas no reformistas van quedando cercadas por el endurecimiento de la ofensiva capitalista que, desde mediados los ochenta, empieza a popularizarse como neoliberalismo, calificativo que tardará algunos años en hacerse corriente y que servirá para ocultar la gravedad y profundidad del ataque. Las mujeres son las primeras en sufrir las consecuencias del debilitamiento de los servicios públicos, asistenciales y sociales, y las primeras en ser echadas del trabajo y condenadas al hogar o a trabajos en peores condiciones, todo ello en medio de la indiferencia sindical masculina. Luego el ataque se extiende a los jóvenes y a otros trabajadores. Conviene recordar aquí, por su efecto premonitor, la áspera lucha de clases que se sostuvo a comienzos de los ochenta en Gran Bretaña, cuando el gobierno conservador de Thatcher pretendió destruir conquistas históricas del movimiento obrero en medio de la pasividad del centrismo laborista. Aunque los palos recibidos por el movimiento obrero fueron graves, sin embargo la burguesía no logró todos sus objetivos. Para entonces los movimientos sociales supervivientes de la década de los setenta han envejecido y la maniobra institucionalizadora de atraparlos con las ONGs empieza a surtir efecto aunque tardará un tiempo porque, en un inicio, el grueso de las ONGs lo formas viejos militantes no desencantados del todo y que quieren seguir la lucha de alguna manera. Recordemos que ya para mediados de los ochenta y más adelante sobre todo, la propaganda neoliberal es incontenible y que, en el plano intelectual y de bastantes izquierdas, empieza a tomar cuerpo la moda postmoderna, que llegará a su auge a comienzos de los noventa.
En estas condiciones de típico retroceso posterior a una oleada de ascenso de las luchas y de represión posterior, que la hubo y mucho lo que pasa es que silenciada, las noticias que llegan de la descomposición de la URSS y del malestar creciente en otros países "socialistas" no hace sino acelerar el agotamiento de las izquierdas tradicionales, las de los PCs, que van retrocediendo no sólo electoralmente sino en su fuerza de masas, envejecida y desilusionada porque la juventud obrera no se afilia ni tan siquiera sindicalmente, aunque hay fuertes países capitalistas en los que los sindicatos tienen una fuerza inercial apreciable producto de los acuerdos interclasistas en las décadas anteriores. Sin embargo, de forma lenta e invisible, a finales de los ochenta comienza a darse una pequeña aparición de nuevos grupos asistenciales, sociales, de barrio, de ayuda mutua, etc., que no tienen apenas nada que ver con las ONGs ni con los anteriores movimiento sociales, y sí engarzan con los grupos solidarios que tienden a aparecer cuando retroceden las condiciones de vida. En las grandes urbes desindustrializadas de los principales Estados europeos se vive ya a finales de los ochenta una situación de paro estructural, subempleo, precariedad, tensión social creciente por el malestar y la delincuencia social, aumento de la drogadicción, racismo y xenofobia en aumento, giro al integrismo defensivo de los emigrantes extraeuropeos, etc. Una vez más, la prensa dominante y la del reformismo ocultan o tergiversan ese esperanzador susurro de primavera social y la izquierda tradicional tampoco se entera de lo que sucede. Sin embargo faltan pocos años para que, de nuevo, el llamado "problema social" recorra las calles europeas en medio de la sorpresa del pensamiento dominante.
5.- LA CUARTA REORDENACION:
La implosión de la URSS y la reunificación alemana suponen un cambio brusco en las tendencias de la cuarta reordenación europea. Hay que decir que hasta finales de los ochenta, el modelo de "construcción europea" se movía dentro de los parámetros de la tercera reordenación, abierta en 1945 como hemos visto y que ha sido la más corta. El choque entre la URRS y los EEUU condicionaba absolutamente todo porque ese choque reflejaba a su modo la agudización de las contradicciones de todo tipo en opresores y oprimidos. En este sentido, se aprecia un ascenso histórico tendencial de la irreconcialiabilidad de las contradicciones estructurales aunque dentro de un vaivén de altibajos. Pues bien, mientras que hasta finales de los ochenta Alemania se contentaba con el marco occidental, desde el hundimiento de la URSS Alemania mira ya abiertamente al este como su espacio "natural" e histórico de expansión imperialista. Para entender esta dinámica hay que comprender la historia anterior del capitalismo alemán, de sus pugnas sucesivas con potencias circundantes a los que va desplazando, absorbiendo o superando -Polonia, Austria, Dinamarca, Estado francés, Gran Bretaña. URSS, Croacia, Chekia, Hungría...- y la formación de una ideología racista en sus clases dominantes de desprecio hacia lo eslavo, ideología que se rastrea fácilmente en la justificación de los genocidios realizados por los Caballeros cristianos teutones.
Además, pese a su superioridad económica sobre el resto de capitalismos europeos, la burguesía alemana sabe muy bien que los mercados del este son más propicios que los del oeste, y que su fuerza de trabajo está, por ahora, muy bien formada. Pero ello no fue ni es obstáculo alguno para que, cuando lo necesita, Alemania imponga sus condiciones a los otros capitalismos occidentales. Por ejemplo, éstos no tuvieron más remedio que pagar el grueso de los costos de la destrucción social de Alemania oriental y su "integración" en la occidental; Italia ha tenido que cumplir todas las exigencias alemanas en los Balcanes; el Estado francés, que cacarea pero no pica, ha tenido que plegarse siempre en lo decisivo a Alemania; el supuesto "retraso" en reactivar el euro para aumentar su competitividad con el dólar, beneficia a la recuperación del capitalismo alemán y norteeuropeo dañando seriamente al capitalismo del sur, del mediterráneo. El desplazamiento alemán hacia el este supone incumplir acuerdos anteriores de "ayudas" al sur europeo, abandonándolo a seguir en el vagón de cola de la actual reordenación.
Porque eso es lo que está sucediendo, que la cuarta reordenación europea se ha acelerado y disciplinado aún más alrededor de Alemania del mismo modo en las reordenaciones anteriores fueron los EEUU, Gran Bretaña , y Holanda y Gran Bretaña las que salieron ganando. Bien es cierto que en las tres anteriores, como hemos visto, las guerras jugaron un papel clave y decisivo, y ahora esa guerra no ha jugado un papel tan decisivo aunque sí ha estado presente y de dos formas: una, material y brutalmente, con las guerras en los Balcanes y en el Cáucaso, así como en la agresión inhumana contra Irak, que ha sido clave en el reforzamiento de la hegemonía yanki fuera y dentro de Europa, y otra, también material aunque menos brutal en lo directo pero sí en lo psicológico como es la presencia de la OTAN y de las armas nucleares norteamericanas en nuestro continente. Por último, la guerra tampoco ha desaparecido del presente europeo porque, de un lado, la creación del euroejército y de la industria militar europea sigue para adelante y, de otro lado, la militarización del sistema policial y del control social es alarmante y responde a las necesidades de represión de los conflictos sociales que ya se están dando en el continente. No es cierta, por tanto, la versión oficial y reformista de que, por fin, en Europa la guerra ha dejado de ser determinante.
Este problema es más importante de lo que se piensa porque, en el capitalismo actual, la guerra es un decisivo factor económico y tecnocientífico, es decir, estratégico. Por ejemplo, la política de la UE con respecto a Turquía y a otras dictaduras está muy mediatizada por los intereses de la industria militar alemana, que a su vez actúa como lanzadera del imperialismo económico alemán en la zona. Otro tanto, aunque con matizaciones, podemos decir del imperialismo francés en Africa, que busca apoyos europeos para no ser desplazado por el de EEUU. También tendríamos que considerar más detenidamente el efecto de la industria militar europea, que exige unos planes y desembolsos I+D enormes, en el intento de recortar la superioridad tecnocientífica norteamericana en una carrera de larga duración que, empero, tiene ya efectos inmediatos en la cotidianeidad europea. Las izquierdas europeas se ponen la venda en los ojos cuando, con razón, afirman que EEUU sigue siendo la potencia dominante y lo será durante tiempo, pero, aun siendo verdad, esas izquierdas no se preocupan por la aceleración europea y por las fuerzas estructurales nuevas que ella acarrea desde ahora mismo. La ausencia de una perspectiva global del problema, y la tendencia a minusvalorar la dinámica europea, puede ser la responsable de que en un futuro esas mismas izquierdas sean desbordadas por los acontecimientos, como lo han sido demasiadas veces en demasiadas cuestiones.
Durante la década de los noventa, la reordenación europea ha dado pasos insospechados una década antes, y ello no sólo por el hundimiento de la URSS, sino sobre todo por otros factores más decisivos como son, uno, las exigencias de mayor centralización y a la vez de mayor internacionalización de su economía para responder a la ampliación del capitalismo financiero y especulativo, así como a la ampliación de los mercados por efecto de la política del FMI, OMC-AMI, agudizándose así una contradicción genética y permanente al modo de producción capital desde su nacimiento histórico que no podemos tocar ahora; dos, la necesidad de dominar esa contradicción avanzando en una política monetaria y financiera adecuada, sin la cual no podría sostenerse mucho tiempo; tres, consiguientemente, la urgencia por adecuar las muy diferentes leyes y burocracias estatales europeas a esas exigencias y, último, por no extendernos, con carácter secundario para la burguesía, la conveniencia de aparentar algo similar a la famosa "carta social europea".
6.- LAS IZQUIERDAS Y SU FUTURO:
Hace una década el pesimismo dominaba entra las izquierdas por las razones vistas. Muy pocas de ellas vieron que desde finales de los ochenta algunos pequeños brotes de esperanza empezaban a surgir aisladamente. Poco a poco esta tendencia hacia una nueva oleada de luchas fue en aumento y era ya cierta a mediados de los noventa cuando en el Estado francés, después en Bélgica, Noruega, Alemania, Italia, etc., las movilizaciones sociales y populares llegaron a ser tremendas en algunos casos. Bien pronto, esa capacidad se expresó electoralmente y de nuevo la socialdemocracia accedió a la mayoría de los gobiernos. No entra en nuestro objetivo analizar cómo esta oleada también es mundial, recorriendo todos los continentes y adquiriendo formas nuevas pero reactualizando experiencias clásicas de solidaridad, ayuda mutua, autoorganización, horizontalismo asambleario, informativo democrática y capacidad para utilizar críticamente partes de las nuevas tecnologías, etc.
También sucede, al igual que en las oleadas anteriores, que ahora junto a este crecimiento se produce por el lado contrario un crecimiento del autoritarismo, racismo y neofascismo, como efecto de la intervención invisible de los aparatos burgueses manipulando la amarga realidad del lumpemproletariado, que ha crecido y adquirido caras nuevas, así como partes de la juventud pequeño burguesa y burguesa. No nos deben sorprender estas reacciones porque corresponden a características básicas de la lucha de clases, características que pueden adormecerse en determinados períodos pero que tienden siempre a recuperarse en los ciclos de crisis social, que es más que simple crisis económica. Y una muestra más del atraso de las izquierdas tradicionales fue no sólo su tardanza en comprender que se producía una nueva oleada de luchas populares y obreras, sino también en comprender y combatir las causas sociopolíticas del reaccionarismo contrario, dejando un espacio libre a la propaganda burguesa reformista e interclasista para dar su versión tramposa sobre el racismo, la misoginia, la delincuencia social, el integrismo defensivo de los emigrantes, etc., perorando sobre los derechos humanos pero evitando toda crítica radical de las causas y gravedad real del problema.
Y como sucede siempre que el reformismo es superado por los acontecimientos, presionado por la derecha y por la izquierda, también ahora licúa sus mensajes y con excusas de todo tipo inicia un giro derechista más acentuado. Toda la propaganda socialdemócrata del tercer espacio, de la "vía Blair", de las loas a la política asistencial de Clinton, de una "refundación" política cara al tercer milenio, etc., todo esto es sólo una reedición de las viejas costumbres ya practicadas en el socialismo lassalleano alemán del último tercio del siglo XIX. Esto es tan obvio que no merece, a nuestro entender, dedicarle más tiempo, como apenas merece dedicarlo un poco más el proceso de hundimiento pero también de alguna reflexión en grupos herederos del eurocomunismo ya extinto, pues, mal que bien se enfrentan a la desaparición no sólo de su espacio sino de los referentes dogmáticos que les sostuvieron. Sí merece la pena pensar un poco el futuro de los grupos que mal que bien resistieron después del parón de los setenta, especialmente los herederos del llamado "marxismo occidental", de la "izquierda comunista" que bien pronto advirtió críticamente sobre la degeneración stalinista, de los movimientos que en los sesenta supieron comprender qué había de nuevo y de permanente en aquellas luchas, de los restos de los movimientos sociales no desintegrados ni absorbidos en la trampa de las ONGs, de los colectivos que siguieron en los comités y agrupaciones sindicales, populares, sociales, culturales, asistenciales, informativas, etc., y que en buena medida han sido los que han mantenido la memoria de lucha y, sobre todo, la teoría política imprescindible para demostrar la irracionalidad del capitalismo y no caer, como el reformismo, en denuncias superficiales del neoliberalismo, la mundialización, la globalización y la nueva economía.
Acabamos con este tema de las "modas críticas" porque es en el panorama actual, de un lado, una repetición de errores cometidos anteriormente por otras izquierdas que en vez de analizar la dialéctica de lo viejo, permanente y nuevo del capitalismo, se dejaban llevar por los nuevos nombres inventados por la intelectualidad del sistema. A la corta, eso produce desorientación y desconcierto. La lista de modas intelectuales es tan larga y variopinta, pero superficial a la larga -¿quién se acuerda ahora, por ejemplo, del postmodernismo que sólo hace unos años parecía el no va más de la sabiduría, sino los intelectuales que ya han sido absorbidos por el capital?- que no podemos tocarla aquí. De otro lado, en las condiciones actuales, esa superficialidad tiene el efecto negativo añadido por el incremento del poder manipulador de los medios, de la prensa, que es una industria de alienación más desarrollada que hace treinta años, cuando la moda del estructuralismo, por ejemplo, anuló muchos esfuerzos intelectuales y prácticos. Las actuales izquierdas, que se enfrentan esperanzadas a una oleada de luchas tras veinte años de sequía, pero a la vez a un poder represivo e integrador superior -la burguesía también aprende- no puede permitirse el lujo de ser el lorito tonto de la intelectualidad institucional.
Cualquier debate sobre otro modelo de construcción europea ha de partir, pues, de estos criterios esenciales y recurrentes a la historia capitalista: uno, que lo que está en juego es otra nueva reordenación interna y no la materialización de una supuesta "idea europeísta"; dos, que pese a los cambios y altibajos de las luchas y de las izquierdas, tarde o temprano siempre resurge la práctica y la esperanza, y que ahora nos encontramos en un momento de ascenso en esa dirección, ascenso contrarrestado por fuerzas opuestas y reaccionarias, como siempre antes y, tres, que conocer y transformar esta nueva situación nos exige no sólo una independencia político-estratégica, sino también, pues va unida a ella, teórica y de pensamiento revolucionario.
EUSKAL HERRIA 1 de septiembre de 2000